viernes, 16 de septiembre de 2011

"Pelusa" dinosauriana encontrada en ámbar canadiense



Enlace al artículo original aquí

De acuerdo con un nuevo estudio, las "pelusas" encontradas atrapadas en los diminutos bits de ámbar antiguo, pueden representar algunos de los tempranos experimentos evolutivos que condujeron al desarrollo de la pluma moderna. Estos filamentos pilosos están tan bien preservados que incluso proporcionan pistas acerca del color que éstas tenían, dicen los investigadores.

El ave más antigua, Archaeopteryx, vivió en lo que es hoy Alemania hace unos 150 millones de años, y el dinosaurio emplumado más antiguo conocido, Anchiornis huxleyi, vivió en el noreste de China hace entre 151 y 161 millones de años. Ambas criaturas tienen plumas al estilo moderno, cada una de las cuales posee un mástil central, barbas que constituyen la vela de la pluma y bárbulas, subestructuras parecidas al velcro, que mantienen unidas las barbas formando una superficie aerodinámica sólida y resistente.

Estructuras, que se cree representaban estadios tempranos de la evolución de la pluma, como filamentos flexibles y no ramificados—a menudo llamadas protoplumas—han sido encontradas en fósiles de dinosaurios que vivieron tiempo después que Archeopteryx y Anchiornis, pero no han sido percibidas en fósiles más antiguos.

Cuando Ryan McKellar, paleontólogo de la Universidad de Alberta, Canadá, y sus colegas buscaron entre más de 4000 piezas de las colecciones de ámbar de varios museos canadienses, encontraron 11 especímenes que incluyen restos de plumas y protoplumas. Los transparentes trozos de ámbar—la mayoría menores de 1 centímetro de ancho—han sido recogidos de depósitos con una antigüedad de 78 o 79 millones de años, cuando la región, en aquellos entonces cercana al mar, estuvo cubierta de bosques de coníferas.

En una inspección más detenida, McKellar y su equipo notaron que algunas de las plumas se asemejan a las de las aves modernas, con el mástil, las barbas y sus bárbulas, posiblemente, algunos de esos fragmentos debieron proceder de un ave capaz de volar. Otras contienen estructuras que ayudaban a las plumas a absorber agua, similares a aquellas encontradas en aves acuáticas modernas, que usan plumas empapadas en agua para contrarrestar su flotabilidad y así poder zambullirse bajo la superficie en busca de presas o rebuscar en el fondo de un lago. Estas plumas, posiblemente procedían de aves acuáticas semejantes a algunas actuales, sugieren los investigadores.

Pero alguna de las estructuras preservadas en el ámbar, no se parecen a nada visto en ninguna criatura viviente hoy día. en una instancia, el ámbar lleva, regularmente espaciados, filamentos huecos, cada uno de los cuales de 16 micrómetros de diámetros, más o menos del grosor del pelo humano más fino. Los filamentos, aparentemente, no tienen paredes celulares, por lo que se descarta que se trate de fibras vegetales o micóticas, dice McKellar. Además, no tienen rasgos similares a pequeñas escamas como sí las tienen los pelos de los mamíferos; "No tenemos absoluta certeza de qué son, pero sí estamos bastante seguros de qué no son" asegura McKellar. Podrían tratarse de protoplumas, dice McKellar, porque se parecen a las estructuras carbonizadas encontradas en algunos fósiles chinos, los cuales, a pesar de que mantienen una exquisita preservación de tejidos blandos, a menudo, no preservan detalles pequeños.

Mientras que algunas de las plumas y protoplumas parecen haber sido casi transparentes, otras están fuertemente pigmentadas, y, probablemente, en vida fueran de colores pardos, grises oscuros y negros. Estudios previos de fósiles preservados en roca, han usado técnicas fluorescentes de rayos X, para ver la concentración de cobre y otros metales que unen los melanosomas, estructuras portadoras de pigmentos, en las plumas, proporcionando pistas de los patrones de color de las aves tempranas como Archaeopteryx y Confuciusornis.

McKellar y sus colegas "presentan una muestra amplia y excitante de plumas" dice Richard Prum, un ornitólogo evolucionista de la Universidad de Yale. Aunque la evidencia sugiere que las estructuras filamentosas son protoplumas, la carencia de otros restos en el ámbar, como un trozo de hueso o de piel, deja abierta la posibilidad de que estas estructuras no estén asociadas a dinosaurios después de todo. En su lugar, sugiere, podría tratarse de algo completamente nuevo, que no se ha preservado en ningún otro lugar en el registro fósil.

No hay comentarios: